Ramón Ayala es un artista, en el sentido más cabal e íntegro que el término puede tener. Responsable de una obra que, en estrechísimo contacto con su pueblo, ostenta estéticas novedosas y singulares que tienen asiento, asimismo, en las tradiciones más seculares. Parte de ella son las canciones «El mensú», «El cosechero», «Retrato de un pescador», entre muchas; pinturas y dibujos que imprimen el color del Litoral y encuentran cobijo en el mejor impresionismo compañero de Cézanne; un conjunto de poesías llamado La guitarra viajera, escrito en ocasión de un viaje por los continentes, poseedor de un verdadero aliento poético que da vida a un mundo nuevo, en ese caso desde la perspectiva del instrumento. 

De todo esto da cuenta Confesiones a partir de una casa asombrada; relatos que, si bien son autobiográficos, se nutren del sabor de la fantasía, de los viajes a lugares y tiempos lejanos, de la anécdota picaresca, de la reflexión artística. Conocemos, a través de estas deliciosas líneas, su encuentro con el Che Guevara, sus comienzos en la música, sus presentaciones en los escenarios más exóticos, pero también los orígenes del chamamé, los arrabales de Buenos Aires con sus peñas, desencuentros con otros músicos; en definitiva, a través de una placentera prosa poética acompañamos el recorrido por el abanico de confluencias que hicieron de Ramón Ayala uno de los artistas más importantes de la Argentina.

Como auténtico cantor popular que es, sucede que canciones como «El cosechero», «El mensú», «Canto al río Uruguay» trascendieron más que nombre de su autor, Ramón Ayala. Este artista –misionero de origen–, cantor del Paraná, de los campos y las selvas, ha retratado con música y con pintura las penas y las alegrías de quienes pueblan el litoral argentino. La espesura de los trópicos, las terrosas márgenes, el ingente bicherío y la fabulosa flora se mezclan y confunden con los hombres y mujeres que trabajan de sol a sol procurando la felicidad digna de la vida sencilla.

Ayala es compositor, cantante, pintor y poeta. En 2014 ha grabado –bajo el título de Cosechero– sus más célebres canciones, después de haber sido interpretadas en todo el mundo por voces como la de Mercedes Sosa o Liliana Herrero. 2014 también sirvió de marco para el estreno del documental «Ramón Ayala», de Marcos López, donde se retrata al músico y pintor, donde se acercan e intrincan vida, obra y paisaje con proceso creativo y público. A esta serie artística falta, como es de notar, un trabajo literario que complete la fisonomía de un artista integral.

 

Ramón Ayala es un artista, en el sentido más cabal e íntegro que el término puede tener. Responsable de una obra que, en estrechísimo contacto con su pueblo, ostenta estéticas novedosas y singulares que tienen asiento, asimismo, en las tradiciones más seculares. Parte de ella son las canciones «El mensú», «El cosechero», «Retrato de un pescador», entre muchas; pinturas y dibujos que imprimen el color del Litoral y encuentran cobijo en el mejor impresionismo compañero de Cézanne; un conjunto de poesías llamado La guitarra viajera, escrito en ocasión de un viaje por los continentes, poseedor de un verdadero aliento poético que da vida a un mundo nuevo, en ese caso desde la perspectiva del instrumento. 

De todo esto da cuenta Confesiones a partir de una casa asombrada; relatos que, si bien son autobiográficos, se nutren del sabor de la fantasía, de los viajes a lugares y tiempos lejanos, de la anécdota picaresca, de la reflexión artística. Conocemos, a través de estas deliciosas líneas, su encuentro con el Che Guevara, sus comienzos en la música, sus presentaciones en los escenarios más exóticos, pero también los orígenes del chamamé, los arrabales de Buenos Aires con sus peñas, desencuentros con otros músicos; en definitiva, a través de una placentera prosa poética acompañamos el recorrido por el abanico de confluencias que hicieron de Ramón Ayala uno de los artistas más importantes de la Argentina.

Como auténtico cantor popular que es, sucede que canciones como «El cosechero», «El mensú», «Canto al río Uruguay» trascendieron más que nombre de su autor, Ramón Ayala. Este artista –misionero de origen–, cantor del Paraná, de los campos y las selvas, ha retratado con música y con pintura las penas y las alegrías de quienes pueblan el litoral argentino. La espesura de los trópicos, las terrosas márgenes, el ingente bicherío y la fabulosa flora se mezclan y confunden con los hombres y mujeres que trabajan de sol a sol procurando la felicidad digna de la vida sencilla.

Ayala es compositor, cantante, pintor y poeta. En 2014 ha grabado –bajo el título de Cosechero– sus más célebres canciones, después de haber sido interpretadas en todo el mundo por voces como la de Mercedes Sosa o Liliana Herrero. 2014 también sirvió de marco para el estreno del documental «Ramón Ayala», de Marcos López, donde se retrata al músico y pintor, donde se acercan e intrincan vida, obra y paisaje con proceso creativo y público. A esta serie artística falta, como es de notar, un trabajo literario que complete la fisonomía de un artista integral.

Confesiones a partir de una casa asombrada - Ramón Ayala

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Ramón Ayala es un artista, en el sentido más cabal e íntegro que el término puede tener. Responsable de una obra que, en estrechísimo contacto con su pueblo, ostenta estéticas novedosas y singulares que tienen asiento, asimismo, en las tradiciones más seculares. Parte de ella son las canciones «El mensú», «El cosechero», «Retrato de un pescador», entre muchas; pinturas y dibujos que imprimen el color del Litoral y encuentran cobijo en el mejor impresionismo compañero de Cézanne; un conjunto de poesías llamado La guitarra viajera, escrito en ocasión de un viaje por los continentes, poseedor de un verdadero aliento poético que da vida a un mundo nuevo, en ese caso desde la perspectiva del instrumento. 

De todo esto da cuenta Confesiones a partir de una casa asombrada; relatos que, si bien son autobiográficos, se nutren del sabor de la fantasía, de los viajes a lugares y tiempos lejanos, de la anécdota picaresca, de la reflexión artística. Conocemos, a través de estas deliciosas líneas, su encuentro con el Che Guevara, sus comienzos en la música, sus presentaciones en los escenarios más exóticos, pero también los orígenes del chamamé, los arrabales de Buenos Aires con sus peñas, desencuentros con otros músicos; en definitiva, a través de una placentera prosa poética acompañamos el recorrido por el abanico de confluencias que hicieron de Ramón Ayala uno de los artistas más importantes de la Argentina.

Como auténtico cantor popular que es, sucede que canciones como «El cosechero», «El mensú», «Canto al río Uruguay» trascendieron más que nombre de su autor, Ramón Ayala. Este artista –misionero de origen–, cantor del Paraná, de los campos y las selvas, ha retratado con música y con pintura las penas y las alegrías de quienes pueblan el litoral argentino. La espesura de los trópicos, las terrosas márgenes, el ingente bicherío y la fabulosa flora se mezclan y confunden con los hombres y mujeres que trabajan de sol a sol procurando la felicidad digna de la vida sencilla.

Ayala es compositor, cantante, pintor y poeta. En 2014 ha grabado –bajo el título de Cosechero– sus más célebres canciones, después de haber sido interpretadas en todo el mundo por voces como la de Mercedes Sosa o Liliana Herrero. 2014 también sirvió de marco para el estreno del documental «Ramón Ayala», de Marcos López, donde se retrata al músico y pintor, donde se acercan e intrincan vida, obra y paisaje con proceso creativo y público. A esta serie artística falta, como es de notar, un trabajo literario que complete la fisonomía de un artista integral.

 

Ramón Ayala es un artista, en el sentido más cabal e íntegro que el término puede tener. Responsable de una obra que, en estrechísimo contacto con su pueblo, ostenta estéticas novedosas y singulares que tienen asiento, asimismo, en las tradiciones más seculares. Parte de ella son las canciones «El mensú», «El cosechero», «Retrato de un pescador», entre muchas; pinturas y dibujos que imprimen el color del Litoral y encuentran cobijo en el mejor impresionismo compañero de Cézanne; un conjunto de poesías llamado La guitarra viajera, escrito en ocasión de un viaje por los continentes, poseedor de un verdadero aliento poético que da vida a un mundo nuevo, en ese caso desde la perspectiva del instrumento. 

De todo esto da cuenta Confesiones a partir de una casa asombrada; relatos que, si bien son autobiográficos, se nutren del sabor de la fantasía, de los viajes a lugares y tiempos lejanos, de la anécdota picaresca, de la reflexión artística. Conocemos, a través de estas deliciosas líneas, su encuentro con el Che Guevara, sus comienzos en la música, sus presentaciones en los escenarios más exóticos, pero también los orígenes del chamamé, los arrabales de Buenos Aires con sus peñas, desencuentros con otros músicos; en definitiva, a través de una placentera prosa poética acompañamos el recorrido por el abanico de confluencias que hicieron de Ramón Ayala uno de los artistas más importantes de la Argentina.

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