Entrego mi cuerpo quieto

en servidumbre al sol.

Ya no habrd mds vuelo rasante

ni silbido que rasque el silencio

de este desierto. No habrá

forma ni esqueleto.

Me iré secando

con este viento caliente

sin cielo ni montañas.

En Langosta, los poderes metamórficos del amante de El beso y el viaje a través del desierto del hijo de Lej Lejid resuenan de una manera nueva. Se trata de una transformación a la vez sutil y devastadora, la de una anatomía que se vuelve exterior y, hasta cierto punto, ajena. Aquí ya no es el salir en busca de sí, sino la nada lo que se propone como experiencia profunda del desierto, y el cuerpo siempre proteico en la poesía de Setton, puesto en el centro de la escena y zurcido en "cada articulación intima", se convierte en una forma aún más enigmática -individual y colectiva al mismo tiempo: ninfa, exoesqueleto "nube extranjera y perseguida", "pupilas de mil pupilas", brazos que son alas, "cadera que vibra y duele", enjambre. La langosta, ciega potencia del arrasamiento y el despojo, materia de profecía, encarna en estos poemas, con una extraña ternura que es también desazón, la minuciosa condición de un cuerpo atravesado por el misterio de volverse una insólita, múltiple otredad.

Sonia Scarabelli

LANGOSTA - YAKI SETTON

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Entrego mi cuerpo quieto

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Ya no habrd mds vuelo rasante

ni silbido que rasque el silencio

de este desierto. No habrá

forma ni esqueleto.

Me iré secando

con este viento caliente

sin cielo ni montañas.

En Langosta, los poderes metamórficos del amante de El beso y el viaje a través del desierto del hijo de Lej Lejid resuenan de una manera nueva. Se trata de una transformación a la vez sutil y devastadora, la de una anatomía que se vuelve exterior y, hasta cierto punto, ajena. Aquí ya no es el salir en busca de sí, sino la nada lo que se propone como experiencia profunda del desierto, y el cuerpo siempre proteico en la poesía de Setton, puesto en el centro de la escena y zurcido en "cada articulación intima", se convierte en una forma aún más enigmática -individual y colectiva al mismo tiempo: ninfa, exoesqueleto "nube extranjera y perseguida", "pupilas de mil pupilas", brazos que son alas, "cadera que vibra y duele", enjambre. La langosta, ciega potencia del arrasamiento y el despojo, materia de profecía, encarna en estos poemas, con una extraña ternura que es también desazón, la minuciosa condición de un cuerpo atravesado por el misterio de volverse una insólita, múltiple otredad.

Sonia Scarabelli